Hace 10 años, esta historia comenzó con el sueño de una niña enamorada de la danza y unos padres visionarios que decidieron no solo apoyar, sino construir. Así nació esta agrupación: no solo para bailar, sino con el propósito profundo de crear un refugio seguro, sin fines de lucro, donde cualquiera pudiera descubrir la belleza de nuestra danza nacional.
Lo que inició como un pequeño club floreció hasta convertirse en una verdadera escuela, llegando a albergar a más de 120 alumnos unidos por el ritmo de la cueca. Sin embargo, la pandemia nos puso a prueba, obligándonos a silenciar los zapateos por un año. Pero la pausa no fue el fin. Al regresar, demostramos que somos más que un grupo de baile; somos una familia cuequera. Hoy, unidos por el cariño y el compañerismo que se respira en cada ensayo, seguimos escribiendo nuestra historia con más fuerza que nunca.